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Historia vascos
LIMPIEZA DE SANGRE y VASCOS

La Inquisición estuvo muy activa, y lo mismo quemaba en Valladolid que en Roma; a su vez, lo propio hacían calvinistas en Ginebra, anglicanos en Londres y luteranos en Alemania. París vivió una Noche de San Bartolomé que todavía se recuerda.

INDICE DE ESTA PÁGINA

La "Raza" Vasca
Antigüedad de Limpiezas de sangre
Orígenes de la Inquisición
Barcelona de los años 1.300
La cruzada contra los cátaros


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La "RAZA" VASCA
No hay razas humanas sino que sólo hay una raza, Homo sapiens sapiens, que llegó a Europa hace unos 40 mil años y que se asentó y sustituyó en todo el continente al hombre de Neandertal, con el que, por cierto, nada indica que llegase a mezclarse -si es que la constitución genética de ambas subespecies hubiese hecho ello posible- si no de modo excepcional o anecdótico.

Esta colonización paleolítica europea seguramente se produjo en oleadas desde la encrucijada de los montes del Cáucaso con las áreas próximas del Oriente Medio, desde donde nuestra especie accedió, seguramente en número bien limitado, a vastas regiones europeas comprendidas entre las orillas del mar Negro y las estribaciones de las cordilleras Cantábrica y Pirenaica, y sin que se aventurara a ir mucho más al norte porque los hielos -o, cuando menos, el frío- ocupaban perennemente la mayor parte de esos territorios.

Nuestro antepasado paleolítico era todo un artistazo que recolectaba frutos y cazaba bisontes, caballos y renos (que dejó pintados en Lascaux y Altamira), probablemente tenía una expectación de vida y una demografía muy pobres -y por eso no se extendió por el resto de la península Ibérica- y, no repugna en absoluto pensarlo, hablaría un idioma con fonemas y palabras que podrían haber llegado casi intactas vehiculadas en el euskera hasta nuestros mismísimos días.

Estudios de la variabilidad genética efectuados con tecnología de RFLP de ciertos haplotipos -H, del DNA mitocondrial (heredado sólo por vía materna), y 15, del cromosoma Y (heredado sólo por vía paterna)- en diferentes poblaciones europeas abonan la idea de un sustrato genético común a toda Europa y norte de África, de origen caucasiano, extendiéndose, por tanto, del Atlas marroquí a Finlandia y de los Urales al Atlántico, seguramente en relación con sucesivas oleadas migratorias producidas hasta hace 20 a 25 mil años, en periodo Pleistocénico, y desde las referidas regiones caucásicas.

Hace entre 11.000 y 13.700 -la datación es muy exacta- aconteció en el hemisferio norte un cambio climático fundamental: el periodo de Bølling -Allerød, en el que las temperaturas ascendieron espectacularmente y los bosques boreales y el clima benigno sustituyeron en las planicies del centro y norte de Europa a la tundra y al hielo perenne.

Como consecuencia de ello nuestro hombre paleolítico asentado en los valles y las cuevas de las penínsulas europeas meridionales encontró un momento idóneo para expandirse en dirección septentrional, persiguiendo a las manadas de rumiantes que le servían de sustento, y ocupando así toda Europa, hasta Finlandia; y ello lo hizo, fundamentalmente, insisto, desde un área geográfica comprendida entre Cantabria y Cataluña y el Ebro y el Garona.

En 1998 se publicó (Am J Hum Gen 62: 1105-12) por miembros italianos de la escuela de Cavalli-Sforza (probablemente el antropólogo más reputado que existe) la teoría que acabo de enunciar, fundamentada en el estudio del haplotipo V del DNA mitocondrial de varias poblaciones europeas, según la cual, y resumiendo mucho, parecía deducirse que el hombre de Cromagnon se extendió por toda Europa a expensas de esta migración paleolítica al final del periodo de máxima glaciación y aprovechando ese otro periodo de 1.700 años de clima benigno.

Restos arqueológicos de la edad de Piedra tan alejados del suroeste europeo como los de Bélgica, Alemania y Polonia así lo acreditan.

Según Venneman y algunos lingüistas germánicos (véase, creo recordar, Revista de Investigación y Ciencia, número de Septiembre de 2002) esta expansión paleolítica tardía habría llevado un idioma protoeuskérico hasta los confines de Europa, de modo que algunas referencias toponímicas actuales en todo el continente con similitudes asombrosas entre sí tendrían esta explicación.

De modo muy interesante, el referido haplotipo V del DNA mitocondrial que marca esta probable migración paleolítica europea está también presente en altísima proporción entre las poblaciones vascas, catalano-levantinas y norteafricanas actuales; ello, unido a otros marcadores genéticos autosómicos (del complejo mayor de histocompatibilidad) también presentes en las poblaciones vascona y bereber y a algunas similitudes lingüísticas entre el euskera y el idioma imazigh de esta última etnia hacen plausible la idea de una relación o contacto genético y cultural muy estrecho entre los pueblos ibéricos y sudoccidentales franceses (vascoiberoaquitanos, si se quiere) con los norteafricanos ya desde el Paleolítico tardío.

En esta época prehistórica, paleolítica, cabe preguntarse: ¿el contacto se produjo desde Iberia ("Euskoiberoaquitania", repito, si se quiere) al Atlas o desde el Atlas a Iberia?:

Bien. Dejábamos a nuestro pariente paleolítico chapurreando quizás en protoeuskera -o así- hace 13000 años por las campas de POLONIA cuando sobrevino una nueva putada: la moderna glaciación (youngest Dryas), que duró desde hace 13000 años hasta hace 11.600 años.

Es de suponer que nuestro antepasado europeo aguantó como pudo y pasándolas canutas pero, para entonces, ya debía dominar muy bien la técnica del fuego, la caza, la construcción, la confección de armas, utensilios y vestidos, y como resultado de ello pudo sobrevivir para que su huella genética nos llegara visible hasta hoy en día.

Ya en el Neolítico (Mesolítico), en periodo geológico del Holoceno, con clima cálido - más calentitos, por tanto- la especie humana prosperó bastante .

Hasta la península Ibérica y el Occidente de Europa debió de llegar una nueva oleada migratoria con cultura de la Edad de los Metales y, sobre todo, dominio del pastoreo y la agricultura.
No repugna pensar, desde luego, que Asia Menor (Turquía) y el continente europeo así como, de nuevo, el norte de África y el correspondiente brazo de mar Mediterráneo fueron los orígenes y las vías de acceso del hombre neolítico pastor y agricultor a Iberia.

Además, hace aproximadamente 8000 años aconteció otro fenómeno climático y ecológico transcendente: la desertización del otrora fértil en pastos y cultivos Sahara verde, con todos los monumentales movimientos migratorios que ello debió llevar aparejados.
Que en ese escenario las poblaciones norteafricanas se vieran cada vez más empujadas hacia el norte y que, progresiva e imparablemente, colonizaran con su cultura avanzada el sur de Europa (y las islas Canarias, por cierto) resulta completamente lógico.

Los iberos -ya coetáneos de los antiguos egipcios y griegos- tuvieron que ser forzosamente NORTEAFRICANOS y "neolíticos avanzados".
Y, para mí, las poblaciones más ancestrales preexistentes en Cataluña, los valles pirenaicos y la cabecera del Ebro hasta el País Vasco actual fueron colonizadas desde la costa mediterránea siguiendo el curso del "río Ibero" (Ebro) y de sus afluentes por estos pueblos pastores, morenos, mesocéfalos, hablantes de un idioma preindoeuropeo –un vascoibero rudimentario- y, por cierto, sexistas y taurófilos.

Es razonable pensar que la fusión de los primeros pobladores paleolíticos caucasianos con estos otros colonizadores neolíticos norteafricanos originaron la raíz étnica vascoibérica de la cuenca mediterránea de nuestra península, incluyendo la Euskal Herria de hoy, y de la actual Aquitania francesa.

Los pueblos CELTAS indoeuropeos vinieron a Vasconia y a la costa atlántica extendiéndose por buena parte de la España interior después. En el País Vasco actual, como en Salamanca o en Guadalajara, forzosamente hubieron de fusionarse con los pueblos iberos que les precedieron en su implantación dando lugar a una etnia -si es que eso existe- celtíbera.

Que esa mezcla fuera apenas existente en los angostos valles de las estribaciones pirenaicas de Navarra, de Aragón y del País Vasco interior explicaría la preservación de una población autóctona vasca genética y lingüísticamente más definida y singular -del origen que he intentado explicar aquí- hasta nuestros días.

Considérese, además, que la escasa romanización de ese País Vasco montañoso y rural y el escaso mutuo interés de los vascos con los visigodos, los moros y los judíos explican a la perfección la preservación del euskera y de los marcadores genéticos que aquí he señalado hasta ahora en las áreas más rurales del País Vasco.

Yo -y acabo- así veo las cosas, y de todo lo anterior no extraigo ninguna conclusión sociopolítica como no sea que cada ser humano, cada individuo es maravillosamente singular e irremplazable, y que no hay más genes ni más lenguas ni más atributos sagrados que los de la dignidad humana, y los de la libertad, la igualdad y el afán de justicia, belleza y verdad que nos son inherentes a nuestra condición humana, pese a ETA.
Escrito por Bruno Zabala


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LIMPIEZA DE SANGRE


La tan llevada y traída limpieza de sangre fue un prejuicio tan arraigado en la sociedad española, con unas repercusiones tan hondas, que no está por demás volver la mirada atrás para indagar de qué se trató, y el cómo se originó.

El sentimiento ANTIJUDÍO es anterior al nacimiento de España como nación.

En la época romana estaban prohibidos los matrimonios entre hispanorromanos y judíos (cosa también prohibida por la ley judía), y la prohibición no quedó ahí, decretándose diversas limitaciones para estos últimos: no podían desempeñar cargos públicos; se les autorizaba a reparar las sinagogas, pero no a construir nuevas.

Esa era la situación en los momentos en que el imperio se desplomó.

Llegaron los visigodos y, desde el primer momento, Alarico II publicó en el 506 un código de leyes (el Breviarium Alaricianum) que endureció las restricciones: judío que convirtiese al judaísmo a un cristiano, fuese libre o esclavo, sería reo de muerte.

La legislación claramente se orientaba a evitar el proselitismo. En el año 589, durante el III Concilio Toledano, Recaredo da un paso importantísimo: abjura del arrianismo y se convierte al catolicismo (en realidad, la conversión habría ocurrido unos dos años antes, bautizándose en secreto).

Nace así el estado católico visigodo, y a partir de ese momento, sobre todo en el 613, por las disposiciones de Sisebuto, los JUDIOS son excluidos del conjunto de la sociedad, convirtiéndose en perseguidos.

Y si algunos de sus sucesores mostraron alguna tolerancia, no tardarían en venir otros que apretaron cada vez más: Recesvinto y Chintila fueron más lejos, intentando eliminar el judaísmo de raíz.

Bajo este último, en el 654, se arrancó una profesión de fe a los judíos toledanos, a quienes se impuso bautismo forzoso, comprometiéndolos así a que ni ellos ni sus mujeres e hijos tendrían trato con judíos no bautizados.

No practicarían la circuncisión, no celebrarían el sábado, la Pascua ni otras fiestas del rito judío; y aunque no les gustase, deberían comer carne de cerdo.



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En caso de faltar al compromiso, la pena sería muerte en la hoguera (bajo Recesvinto era por lapidación). Una verdadera limpieza ideológico-religiosa.

Pero llegaron los musulmanes, y bajo el Islam, los judíos pudieron tener un respiro; vivieron tranquilos bajo el califato, pero a comienzos del siglo xI, éste se desintegra para fraccionarse en pequeños reinos de taifas.

A mediados de la centuria siguiente, bajo el dominio de los almohades, se endureció la intolerancia hacia las comunidades mozárabe y judía residentes en AlAndalus (la España musulmana).
A consecuencia de ello, numerosos judíos fingieron su conversión al islamismo, o se trasladaron a reinos cristianos, dirigiéndose sobre todo a Toledo.

Este fue un periodo de tolerancia, que no duraría demasiado, pues no tardará en aflorar el sentimiento antijudío, que por momentos alcanza altas cotas (Enrique II, con quien da inicio la casa de Trastámara, para justificarse por haber apuñalado a su medio hermano Pedro I, entre los múltiples cargos que le formuló, figura el de que mantenía una actitud amistosa hacia los judíos); de manera que, cuando los Reyes Católicos firmaron el decreto de expulsión, la medida no fue otra cosa que la culminación de un proceso que ya venía gestándose de siglos atrás.

Y no serían los únicos en ser expulsados, pues en 1.608 ya les llegaría el turno a los moriscos, contra quienes, además del factor religioso, pesaron razones de índole político, pues se temía que de producirse un desembarco de los turcos y sus aliados, los corsarios berberiscos, en la costa de Levante (riesgo siempre latente en aquellos días), hicieran causa común con ellos.

Pero algo que no deja de asombrar es el caso de los GITANOS, a quienes los Reyes Católicos, por la pragmática de 1499, ordenaron abandonar el reino en caso de no enmendarse: "Mandamos a los egipcianos [gitanos] que andan vagando por nuestros Reynos y señoríos con sus mujeres e hijos, que el día que esta ley fuere notificada y pregonada en nuestra Corte, y en las villas, lugares y ciudades que son cabeza de partidos hasta sesenta días siguientes, cada uno dellos vivan por oficios conocidos, que mejor supieren aprovecharse, estando de estada en los lugares donde acordaren asentar, o tomar vivienda de señores a quien sirvan, y los den lo que hubieren menester; y no anden más juntos vagando por nuestros Reynos, como lo hacen, o dentro de otros sesenta días primeros siguientes salgan de nuestros Reynos, y no vuelvan a ellos en manera alguna; so pena que si en ellos fueren hallados, sin oficios o sin señores juntos, pasados los dichos días, que den a cada uno cien azotes por la primera vez, y los destierren perpetuamente destos Reynos: y por la segunda vez, que les corten las orejas, y estén sesenta días en la cadena, y los tornen a desterrar, como dicho es; y por la tercera vez, que sean captivos de los que los tomaren por toda su vida; y si hecho el dicho pregón, fueren o pasaren contra lo susodicho, mandamos a los nuestros alcaldes de la Corte e Chancillería, y a todos los corregidores, asistente, justicias y alguaciles, de cualesquiera ciudades, villas y lugares de nuestros Reynos y señoríos, que ejecuten las dichas penas en las personas y bienes de cualesquiera susodichos, que vinieren e pasaren contra lo suso dicho".

En tiempos de Felipe II no lo pasaron mejor, ya que todos los varones fueron etiquetados como delincuentes y condenados a remar en galeras; en 1619, vino el decreto de expulsión final, cuando en las cortes celebradas en Madrid en ese año, se acordó:

"...ordenamos y mandamos que todos los gitanos, que al presente se hallaren en nuestros Reynos, salgan de ellos dentro de seis meses, que se han de contar desde el día de publicación de esta ley, y que no vuelvan a ellos so pena de muerte: y que los que quisieren quedar, sea avecindándose en ciudades, villas y lugares de estos nuestros Reynos de mil vecinos arriba; y que no puedan usar del trage, nombre y lengua de gitanos y gitanas, si no que, pues no lo son de nación, queda perpetuamente este nombre y uso confundido y olvidado: y otro sí, mandamos que por ningún caso puedan tratar en compras ni ventas de ganados mayores ni menores, lo cual guarden y cumplan so la misma pena.


Asombrosa la capacidad de supervivencia de la etnia gitana. Se procuraba a toda costa la unidad del reino, de ahí la importancia que se prestaba a la limpieza de sangre.


Es comprensible que, en una época en que la seguridad del Reino descansaba en las órdenes militares, no pudieran permitirse que se infiltrara en ellas gente sospechosa. A don Martín Cortés se le admitió como comendador en la orden de Santiago, sin importar que su madre fuese india, lo cual vendría a demostrar que la exclusión no era precisamente RACISTA, sino que respondía a factores de índole político-religioso. Podrían citarse innumerables ejemplos en ese sentido.

Entre los casos de conversos más conocidos, figuran el de fray Hernando de Talavera, confesor de la reina Isabel, el del máximo inquisidor fray Tomás de Torquemada, el tesorero Luis de Santángel, Andrés Cabrera, alcaide de Segovia, y su esposa Doña Beatriz de Bobadilla, marquesa de Moya, camarera mayor de la soberana, y persona que gozaba de gran ascendiente sobre ella.

Un caso que procede destacarse es el de Juan Sánchez de Toledo, quien luego de llevar durante varios años el sambenito de penitenciado, al serle retirado, una vez cumplida la pena, se cambió de nombre e hizo fortuna.

Una de sus nietas (sin que, por lo visto, fuera impedimento que proviniera de estirpe de conversos) subió a los altares y es doctora de la Iglesia. Nos referimos a Santa Teresa.

El pensamiento medieval aflorará a cada paso; oráculos, hechizos, apariciones, espejos mágicos, y un largo etcétera.

La Edad Media seguía viva en pleno Renacimiento; y no se quiera atribuir esto a que en España el reloj marcara las horas con atraso. Nada de eso; si se mira con cuidado, se advertirá que entre todos los capitanes y soldados de la conquista de América, que desempeñaron algún papel relevante, no figura uno solo que fuese analfabeto, o al menos no existen registros en ese sentido.

Por el contrario, a todo lo largo del dieciséis, siglo que, conforme a esa línea divisoria, debería ser claramente renacentista, existen usos que corresponden al medievo.

La Inquisición estuvo muy activa, y lo mismo quemaba en Valladolid que en Roma; a su vez, lo propio hacían calvinistas en Ginebra, anglicanos en Londres y luteranos en Alemania.

París vivió una Noche de San Bartolomé que todavía se recuerda. Muy avanzado el siglo, veremos que Elizabeth I de Inglaterra, tenía en nómina al astrólogo oficial del reino, y que a Felipe II le habían confeccionado un horóscopo, el mismo que consultó para elegir la fecha de la colocación de la primera piedra del Escorial, y para el traslado de la capital a Madrid.

La realidad es que resulta prácticamente imposible establecer cuándo termina la Edad Media, ya que los tiempos son distintos para cada país, y además, éstos varían según los criterios que apliquen distintos historiadores.

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LOS ORIGENES de la INQUISICIÓN

Los retratos de Álvaro de Luna, Enrique IV de Castilla, Fernando el Católico, los persecutores como el sevillano Ferrán Martínez y el toledano Marquillos, el santo iluso VICENTE FERRER, el papa Luna, Pablo el obispo converso de Burgos, vistos por Netanyahu convencen al lector de que la biografía histórica es un género muy superior al hoy tan apreciado de la novela histórica.

La tesis de Netanyahu es que la persecución de judíos y conversos por los cristianos viejos en los diversos reinos de España, desde el siglo XIV en adelante, no tuvo motivos principalmente religiosos, sino que estuvo originada en una rivalidad económica, social y política, que finalmente derivó en simple racismo y ya en el siglo XVII en la manía de la "limpieza de sangre".

El pueblo bajo de Andalucía, Valencia, Cataluña, Castilla y León, los representantes de las ciudades en las Cortes de esos Reinos, los predicadores populares, los frailes ansiosos de poder, fueron los que una y otra vez aprovechaban momentos de vacío de poder para lanzarse al saqueo de las juderías y para desbancar a los conversos de una prominencia laboriosamente conseguida.
Los reyes y a menudo la gran nobleza defendían en cambio a quienes eran sus administradores, médicos, funcionarios y banqueros contra la sañuda envidia del pueblo soberano.
Cuando, por fin, Fernando de Aragón consiguió que Sixto IV promulgara en 1478 una bula permitiéndole nombrar inquisidores para Andalucía, lo hizo para encauzar y limitar a los posibles herejes el sentimiento popular de condena y rechazo de todos los conversos.

Todo esto es especialmente instructivo para quienes no entienden los peligros que se derivan de la COINCIDENCIA ENTRE PODER POLÍTICO y SENTIMIENTO NACIONAL.

Un punto de vista "democrático" nos llevaría a ponernos del lado de las autoridades municipales y los representantes en Cortes de las ciudades en su pleito contra los artesanos, médicos, recaudadores, judíos, y los funcionarios, administradores, jueces, escribanos, clérigos conversos.
Los reyes de Castilla e incluso de Aragón, sin embargo, siempre que pudieron aplicaron la ley para defender a esas útiles minorías.

Las fuerzas vivas de un pueblo o una nación sin duda deben poder expresar sus intereses y participar en el gobierno de sus asuntos, pero permitirles que concentren toda la potestad es peligroso.
La libertad de las minorías en sociedades con profundos sentimientos religiosos o comunitarios depende de la existencia de instituciones abstractas y neutrales que se mantengan en lo posible "au dessus de la mélée".

Nada hay tan deprimente de la libertad y la variedad humanas como una sociedad infusa de su ambición COLECTIVA COMO PUEBLO, cuando faltan las barreras de la imparcialidad estatal.
Los reyes visigodos arrianos, los reyes castellanos de la dinastía Trastámara, nos enseña Netanyahu en esta lacerante historia de persecución racial, utilizaron el poder de la monarquía siempre que pudieron para defender a sus súbditos más fieles y más necesitados de protección, sus judíos, sus conversos y sus moriscos.

La historia de persecuciones de los judíos en Europa es muy antigua y cabe preguntarse el porqué. Para Netanyahu, los judíos, como grupo extraño al común de la población, buscaron apoyo del poder central desde el tiempo de los Ptolomeos en Egipto y de Roma bajo el Imperio: eran los funcionarios y recaudadores de contribuciones de los conquistadores, lo que les enfrentaba con la población autóctona.

Algo semejante debió de ocurrir en la Península ibérica. En todo caso, las matanzas, expoliaciones, destrucción de títulos de crédito recurrían en cuanto flaqueaba el poder del Estado. Las primeras conversiones masivas tuvieron lugar tras los disturbios de 1391, iniciados en Sevilla y comunicados a las principales ciudades cristianas por grupos de agitadores, que sabían aprovechar el creciente odio popular contra los judíos.

Las conversiones al cristianismo a consecuencia de esa persecución fueron en su inmensa mayoría sinceras y constantes, pero los cristianos viejos no soportaban que los conversos recogieran el fruto otra vez de su característica LABORIOSIDAD y capacidad financiera y administrativa.

En 1449, fue Toledo la que se levantó contra los cristianos nuevos, sometiendo al rey una "Suplicación" y promulgando una "Sentencia-Estatuto", en los que se proclamaba la sospecha de que todas las conversiones de judíos eran falsas, porque ellos estaban marcados por su "estirpe".

La creación del Santo Oficio que examinara la realidad de las herejías fue la solución menos mala que encontraron Fernando e Isabel para deshacer la idea de que todos los conversos eran falsos.
El Tribunal de la Inquisición se le fue luego de las manos y se convirtió en un arma de persecución sistemática de una minoría que él se inclinaba a proteger. El título de "Católicos" les fue otorgado a los reyes cuando se rindieron al espíritu del pueblo y expulsaron a los judíos en 1492.

Benzion Netanyahu. Los orígenes de la Inquisición (Crítica, Barcelona 1999)
Todo lo relacionado con esta Historia de persecuciones a judíos por ser gente UTIL (médicos, boticarios, ingenieros, banqueros, etc.) se dió con especial virulencia en tierras vasco-navarras (Tudela, Estella, Vitoria, etc.). Por PURAS ENVIDIAS LOCALES.

BARCELONA DE LOS AÑOS 1.300

historia vascos Tribunal
Las juderías o barrios judios de las ciudades, durante la pascua cristina, debían tener permanentemente cerradas las puertas y ventanas de sus hogares para que ni siquiera pudieran ver o interferir en las numerosas procesiones de los cristianos.

Pero aun así la Pascua encendía, todavía más si cabe, los resquemores de los fanáticos y las acusaciones de celebraciones de rituales heréticos aumentaban durante unas fechas que los judíos temían con razón.

Dos eran las principales acusaciones que se efectuaban contra la comunidad judía relacionadas con la Pascua cristiana: el asesi­nato ritual de cristianos, esencialmente niños, para crucificados, torturados, beber su sangre o comer su corazón, y la profanación de la hostia, ambos, según el pueblo, destinados a revivir el dolor y el sufrimiento de la pasión del Cristo de los católicos.

Siempre azuzadas o lanzadas por los frailes domínicos

La primera acusación conocida de crucifixión de un niño cristiano se produjo en la ALEMANIA del Sacro Imperio, en Würz­burg, en el año 1147, si bien y como siempre había sucedido con los judíos, el morboso delirio del pueblo pronto logró que tales sucesos se trasladasen a toda Europa.

Tan sólo un año después, en 1148, se acusó a los judíos ingleses de NORWICH de crucificar a otro niño cristiano.

A partir de ahí las acusaciones de asesinatos rituales, principalmente durante la Pascua y mediante la cruci­fixión, se generalizaron: Gloucester, 1168; Fulda, 1235; Lincoln, 1255; Munich, 1286...

Hasta tal punto llegaba el odio a los ju­díos y la credibilidad de la gente, que en el siglo xv un francis­cano italiano, Bernardino da Feltre, anunció con antelación la crucifixión de un niño, primero en Trento, donde ciertamente se cumplió la profecía y el pequeño Simón apareció muerto en la cruz.

La Iglesia beatificó a Simón pero el fraile siguió "anunciando" crucifixiones: Reggio, Bassano o Mantua. Sólo a mediados del siglo xx la Iglesia rectificó y anuló la beatificación til' Simón, mártir del fanatismo y no de la fe.

El autor del magnífico libro sobre la Cataluña feudal, Ildefonso Falcones, en "La Catedral del Mar", describe uno de esos progroms auténticos de la época

-Exigen culpables -les dijo Arnau cuando los cinco se re­cuperaron-.

Empezamos por quince. Estamos en cinco y espero...

-No podemos esperar,Arnau Estanyol-lo interrumpió uno de los rabinos-o Hoy ha muerto un anciano; estaba enfermo, pero nuestros médicos no han podido hacer nada por él, ni siquiera mojarle los labios. No nos. permiten enterrarlo. ¿Entiendes lo que eso significa? -Arnau asintió-o Mañana, el hedor de su cuerpo en descomposición se sumará a los...

-En la sinagoga -lo interrumpió Hasdai-, no podemos ni movernos; la gente..., la gente no puede levantarse para hacer sus necesidades. Las madres ya no tienen leche; han dado de mamar a sus recién nacidos y también a los demás niños, para saciar su sed. Si esperamos muchos días más, cinco culpables serán una minucia.

La procesión partió de la misma judería. En su interior, las puer­tas y ventanas de las casas estaban cerradas y las calles aparecían desiertas, sembradas de muebles.

El silencio de la aljama parecía retar al clamor que se escuchaba fuera de ella, donde la gente se apiñaba alrededor del obispo, refulgente de oro al sol mediterrá­neo, y de la infinidad de sacerdotes y frailes negros que esperaban a lo largo de la calle de la Boquería, separados del pueblo por dos filas de soldados del rey.

El griterío rasgó el cielo cuando tres figuras aparecieron en las puertas de la judería. La gente alzó los brazos con los puños ce­rrados y sus insultos se confundieron con el metálico desenvainar de las espadas cuando los soldados se dispusieron a defender la comitiva.

Las tres figuras, encadenadas de pies y manos, fueron con­ducidas hasta el centro de dos hileras de frailes negros y así, encabezada por el obispo de Barcelona, la procesión inició la marcha.

La presencia de los soldados y de los DOMINICOS no impidió que d pueblo apedreara y escupiera a los tres culpables que se arras­traban entre ellos.

Arnau empezó a oír el griterío de la multitud a lo largo de la calle de la Mar. El murmullo llenó Santa María; se coló por los huecos de las puertas sin terminar y subió por los andamios dc madera que aguantaban las estructuras en construcción, igual que podía hacerlo cualquier albañil, hasta alcanzar las bóvedas.

¡Tres inocentes!

«¿Cómo los deben de haber elegido?

¿Lo habrán he­cho los rabinos o se habrán presentado voluntariamente?».

¿Qué había en ellos? ¿Resignación?

El griterío aumentó. Arnau se levantó y miro hacia la salida que daba a la plaza de Santa María. La procesión no tardaría en entrar. Permaneció en el templo, mirando hacia la plaza, hasta que los insultos de la gente se convirtieron en realidad.

Los quemaron vivos. Los ataron a unos postes, sobre leños y astillas, y les prendieron fuego sin que en momento alguno cesa­ra el clamor de venganza de los cristianos. Cuando las llamas al­canzaron su cuerpo, Hasdai levantó la mirada hacia el cielo.

LA CRUZADA CONTRA LOS CATAROS
historia vascos CALLE LOYOLA DE SAN SEBASTIAN por Trigo

La institución de una Inquisición aparece por primera vez en la historia en territorio germánico el año 1231, y va dirigida contra los cátaros de Renania, la eliminación de los cuales, es confiada por el papa a Conrad de Marburg.
El año 1233, en Occitania, el Inquisitio heretice pravitatis (función de investigación sobre la depravación herética), es instaurada oficialmente y Gregorio IX, inviste del poder de este Santo Oficio a dominicos y franciscanos.
La palabra Inquisición significa propiamente investigación. El procedimiento será dirigido por un verdadero tribunal, con un juez que instruye cada caso, interrogando bajo juramento a los testimonios aportados, con la intención de obligarles a decir toda la verdad, tanto si se trata de ellos mismos como de otras personas.br/> La Inquisición pues, como procedimiento de investigación, exigía testigos, reclamaba listas de nombres y se basaba en el sistema de la delación. Su principal objetivo fue el exterminio de la religión cátara, mediante la eliminación de sus pastores y el desmantelamiento de las redes de solidaridad que les apoyaban.
La Inquisición era odiada por sus métodos. Los inquisidores llegaban en los furgones del ejército de ocupación, y rápidamente se dirigían a registrar el terreno, hasta el punto, que hacía de cada habitante un sospechoso en potencia y de la Iglesia de los Buenos Cristianos, una iglesia del desierto. Funcionó y se fue organizando lentamente, cada vez de forma más burocrática y sistemática.
El objetivo de sus investigaciones era muy simple: identificar todos los "perfectos" y las "perfectas" clandestinos( todos los ministros y pastores) de la religión disidente, sacando conclusiones a partir de los testimonios y las declaraciones de los testigos.

Los registros de los interrogatorios o de las deposiciones, funcionaban en este aspecto como verdaderos ficheros, en los que destacaban nombres y lugares.
Cada "perfecto" o "perfecta" identificado y arrestado, era sistemáticamente entregado al brazo secular, es decir, condenado a la hoguera si rehusaba abjurar.
Si abjuraba, incurría en penas menores: la condena a las cuatro paredes, la prisión, perpetua o no, estricta o no (la prisión estricta equivalía a una condena a muerte disimulada).
Si abjuraba y aceptaba ser colaborador de la Inquisición, recobraba la libertad, quedando bajo la protección y el control del tribunal.
Sin ninguna duda la inmensa mayoría de perfectos no abjuraron, y fue de esta manera como la continuada represión selectiva, el terror generalizado y la delación erigida en sistema debido al miedo y la codicia, llevadas a cabo por la Inquisición desde 1234 a 1325, logró la total desaparición de la Iglesia cátara en Occitania.

Algunos de sus miembros se refugiaron en Lombardía y Cataluña, y el resto, uno tras otro, fueron siendo eliminados por medio del fuego.
De entre las muchas leyendas que han rodeado a los cátaros, está la de que escondían un tesoro en los bosques.

Conociendo el desprecio que tenían por lo material, son muchos quienes suponen que tal tesoro tuviera un valor místico y espiritual ¿pergaminos que contenían fórmulas secretas para fortalecer las almas y eliminar de las mismas el temor a la muerte por el fuego y por otros medios? ¿el secreto de la inmortalidad? ¿una reliquia mágica, cuya posesión permitía acceder a la visión de otra realidad?

¿El Santo Grial?
Dice la leyenda que, al caer Montsegur, dos cátaros lograron huir por un subterráneo y salvar ese tesoro. Algunos afirman que se trataba del Grial, traído de Tierra Santa, y que había permanecido en Montségur hasta su rendición.

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JAVIER AROCENA

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