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Historia vascos-arocena
El mito de una Arcadia feliz en que habría vivido el "pueblo vasco" con plena identidad de tal, soberano y libre y bajo un régimen patriarcal y democrático es un absurdo histórico, pero alimenta hoy políticas letales. También lo son otros mitos más precisos sobre la época medieval referidos a que "los vascos" elegían libremente a su señor, o que pactaron su integración en la Corona de Castilla.

INDICE DE ESTA PÁGINA

Del 900 al 1.200: Origen de CATALUÑA
Los Pirineos inalterados en 2.000 años
La invención de AITOR por Chaho
Saqueo de San Sebastián por Anglos en 1813
vascos CATALUÑA

900 a 1.200 : ORIGEN DE CATALUÑA

Tras la derrota en la batalla de Roncesvalles, Carlomagno trataba de establecer una frontera fija y segura al sur de su imperio.

Asi a finales del siglo VIII, Carlomagno intervino en el noroeste de la peninsula con el apoyo de la población de las montañas.

El dominio de los Francos se hizo más efectivo después de conquistar Barcelona (801) y Gerona (785).

Al territorio ganado a los musulmanes se le llamó Marca Hispánica. Formada por condados dependientes de los monarcas Carolingios. El más importante de estos condados fue el de Barcelona.

En el gobierno de estos territorios se sucedian padres a hijos. Esto hizo que algunos condados se unieran y formasen otros más amplios.

El conde WILFREDO EL VELLOSO consiguió gobernar varios condados.

Más tarde estos condados darían lugar a la Cataluña actual.

Durante el siglo X los condes de Barcelona reforzaron su autoridad política. En el año 988 el conde de Barcelona, Borrell II dejó de prestar juramento de fidelidad a los reyes francos.

Esto supone el fin de la Marca Hispánica y el nacimiento de Cataluña, que en el siglo XII se unió a la Corona de ARAGÓN con el matrimonio del conde Berenguer IV de Cataluña y Petronila de Aragón.


Con el primer conde de Barcelona, Wilfredo el Velloso, se inicia el deseo de independizarse tanto de los musulmanes como de los francos ( de los que eran tributarios), y fue Borrell II (947-992)quien se negó a rendir vasallaje al rey franco.

Ramón Berenguer I (1035-1078), y coincidiendo con la creación de los reinos aragonés, castellano y leonés, denominó Principado de Cataluña al hasta entonces condado franco, y en 1137 Aragón absorbió el Principado al casarse Petronila de Aragón con Ramón Berenguer IV de Barcelona, y quedar éste como consorte de Aragón, aliándose con Alfonso VII de Castilla, el emperador.

A partir de 1137 Cataluña fue un principado sometido a ARAGÓN hasta el matrimonio de Fernando el Católico con Isabel de Castilla, quienes crearon el primer ESTADO EUROPEO.
vascos BARRA
vascos PIRINEOS

El conde de Barcelona Ramón Berenguer IV fallece el 7 de agosto de 1162 en el burgo de San Dalmacio cerca de Turín, dejando tan solo una declaración oral de sus últimas voluntades a quienes le atienden; el dapifer Raimundo, el caballero Alberto de Castelvell, y su capellán el maestro Guillermo.

La adveración testamentaria la efectúan el 11 de octubre en Huesca, por ser entonces la capital real por excelencia, delante de los prelados de Tarragona, Barcelona, Vich, Tortosa, Zaragoza, Gerona, Elna, Tarazona y Lérida.

El códice testamentario se conserva íntegro en el Archivo de la Corona de Aragón (ACA, pergaminos, carp. 12, nº1).

En su testamento se recogen los condados más insignificantes que ya hacía tiempos estaban integrados en el de Barcelona, pero el nombre de Cataluña no aparece por ninguna parte.

Lo mismo ocurre en el testamento de su padre Ramón Berenguer III el Grande (Publ. Bofarull, Codoin, 4, nº1, p. 1-9), tan solo se nombran condados lo mismo que en todos los de sus predecesores. Igualmente en el testamento de Petronila (1152) (ACA pergaminos, carp. 38, nº 250) en el que deja mil morabetinos para las iglesias de Aragón y otros mil para las iglesias de los condados de Barcelona, Gerona, Besalú y Vich. Simplemente, Cataluña todavía no existía.

Sin embargo en el testamento del rey Alfonso II de Aragón, su hijo, ya hay una fórmula nueva (Pub. Bofarull, Codoin, 4, p 407).

Instituye heredero a su hijo Pedro II "en mi reino de Aragón..., ...en todo el condado de Barcelona..., ... en el condado de Rosellón..., ... y en el condado de Cerdaña y Conflent.., ... y en el condado de Pallás..., ... y en toda Cataluña.

Como cada nombre excluye a los demás y el condado de Urgell era independiente, resulta evidente que en 1194, el corónimo Cataluña sólo podía referirse a todo o a parte del marquesado de Tortosa y del marquesado de Lérida.

Como vemos, es difícil que el título de Príncipe que toma Ramón Berenguer IV, con motivo de los pactos de Barbastro de 1137 con Ramiro I, sirviera para denominar algo del patrimonio personal que aportaba en ese momento.

Cataluña aún no existía y es un corónimo que aparece en la documentación de cancillería treinta y dos años después refiriéndose a una tierra periférica al núcleo fundamental de condados.
vascos BARRA
vascos POBLACION BONITA MEDIEVAL
LOS PIRINEOS INALTERADOS EN 2000 AÑOS

Por el profesor y Doctor en Historia don LUIS GONZALEZ ANTÓN.


El mito de una Arcadia feliz en que habría vivido el "pueblo vasco" con plena identidad de tal, soberano y libre y bajo un régimen patriarcal y democrático es un absurdo histórico, pero alimenta hoy políticas letales.

También lo son otros mitos más precisos sobre la época medieval referidos a que "los vascos" elegían libremente a su señor, o que pactaron su integración en la Corona de Castilla.

Pero el problema más grave, que supera al historiador, es que tales mitos han adquirido en este caso "potencia homicida", como ha escrito Martínez Gorriarán, y en su sentido estricto.

Así ocurre cuando las distintas corrientes del nacionalismo vasco, sin distinción, pretenden que, si esa fabulosa Arcadia dejó de existir, se debió necesariamente a la agresión de fuera, a la ocupación militar de ese inexistente País Vasco de cuento de hadas por parte de esa "nación enteca y miserable" que era España para el orate Sabino Arana; o por los Estados español y francés, nada menos.

En definitiva potencia homicida por caer en la fácil tentación de lo que el historiador británico J. Elliott, refiriéndose al nacionalismo catalán, denomina con acierto "visiones conspirativas de la historia".
Los nacionalistas necesitan sentirse víctimas inocentes de un enemigo exterior. Las realidades son más simples y menos malévolas.


No sólo nunca existió esa llamada Euskal Herría a caballo del Pirineo (la soñada "Siete en Uno" o Zazpiak Bat de Arana); tampoco un ente político ni siquiera administrativo "País Vasco" que englobara a las tres provincias vascongadas. Jamás ha existido un "pueblo vasco" democrático, de individuos libres e iguales. Jamás hasta que -al margen el abortado precedente de 1936-37- se ha desarrollado el Estatuto de Guernica, aprobado con entusiasmo por la sociedad vasca y emanado de la Constitución española de 1978.

Lo que el estudioso de la Historia Medieval constata desde un principio es que las nociones de fronteras son extremadamente lábiles y nada tienen que ver con nuestros conceptos modernos; que las mismas fronteras se alteran a compás de crisis sucesorias, circunstancias fortuitas, actos de fuerza de ida y vuelta y, muchas veces, por la conveniencia o el pragmatismo de la oligarquía de señores feudales que dominan las tierras; las vascas, en este caso.

En este escenario se advierte que, precisamente donde el Pirineo no es un obstáculo serio, los parentescos entre los montañeses caristios y várdulos (vascones) de la franja Nervión-Bidasoa y las gentes del otro lado, que ocupan tierras más abiertas y de contornos más indefinidos, no fueron un lazo bastante fuerte como para que puedan advertirse los rasgos de una comunidad medianamente formada siquiera.

Tras la conquista romana las tierras más o menos eusquéricas de la Galia quedaron englobadas en la provincia de Aquitania y las tribus de la zona ibérica en la Tarraconense de Hispania, adscritas al convento jurídico de Clunia, al sur de la actual provincia de Burgos.

Incluso lo que luego fue Navarra, sólo parcialmente vascona también, tiene una suerte distinta porque quedaba incluida en el convento de Zaragoza.

Lapurdum (Bayona), en tierra de los tarbelli, fue una ciudad romana fortificada precisamente para contener las incursiones de los montañeses del sur.

Hoy sabemos muy bien que no sólo Álava y Navarra fueron tan intensamente romanizadas como otras zonas de España, como escribiera Caro Baroja, sino que las propias Vizcaya y Guipúzcoa lo fueron también mucho más de lo que se creía y los buscadores de peculiaridades identitarias se complacen en afirmar.

Cohortes enteras de vascos hispanos combatieron bajo estandarte romano en Italia o Inglaterra. También es cierto que la pobreza y marginalidad de estas tierras facilitaron que sus gentes no se incorporaran en masa al modo de vida romano y mantuvieran su inestabilidad y su tendencia al bandolerismo y las incursiones violentas en zonas vecinas más ricas; pero su fama de irreductibles y belicosos no estaba para el historiador Lacarra del todo justificada.

Con la salvedad que señalaré, esa frontera pirenaica hasta la desembocadura del Bidasoa ha permanecido INALTERADA durante más de DOS MIL AÑOS, un caso verdaderamente excepcional en Europa.

El IPARRALDE (Euskadi Norte o Aquitania francesa) del absurdo irredentismo nacionalista de hoy nunca alcanzó a tener una identidad diferenciada dentro de Francia ni a establecer unos lazos particulares con nuestra zona vasca.

Con otras muchas tierras formó parte del DUCADO de GASCUÑA (nombre que parece deberse a inmigrantes vascones peninsulares en el s. VI) inserto a su vez en el REINO CAROLINGIO DE AQUITANIA, que después y como un inmenso feudo y categoría de ducado estuvo en manos de la Monarquía de Inglaterra entre 1154-1204 y 1259-1453.

Alfonso VIII de Castilla, soberano legítimo de las tres provincias vascas, intentó en 1204-05 hacerse con Gascuña porque era la dote de su esposa, Leonor de Inglaterra; no sólo fracasó ante la lejana Burdeos sino que también Bayona se le resistió con éxito.

Tan sólo en los inicios del s. XIII el rey navarro Sancho VII el Fuerte aprovechó hábilmente las circunstancias para obtener la sumisión de algunos señores ultrapirenaicos, con lo que se iniciaba el dominio formal y la integración de la luego llamada Merindad de Ultrapuertos (Baja Navarra) que permaneció en manos de la Monarquía de Pamplona y luego de la castellana y española hasta su cesión definitiva a Francia por Carlos I en 1529-30.

Labourd-Lapurdi y Soule-Zuberoa no conocieron nunca una relación semejante con ningún dominio navarro o vasco hispano ni conformaron ninguna entidad común.

Cuando la Asamblea Nacional de 1789, al comienzo de la gran Revolución Francesa, dividió el país en departamentos como medida fundamental para superar las rémoras históricas y los poderes de los grupos privilegiados de un Antiguo Régimen a enterrar, ambas comarcas, con la Baja Navarra (cuyos diputados sí protestaron tímidamente contra la medida) quedaron integradas en el Departamento de los Bajos Pirineos y ésa es la realidad que persiste hoy, más de dos siglos después.

En ellas el vasquismo nacionalista apenas tiene un alcance puramente testimonial y -conviene mucho recordarlo- envidia sin complejos "una autonomía que es la más evolucionada de Europa", como señalaba el vasco-francés Ximún Haranne en el Aberri Eguna de 1996.

Y es que la historia española ha discurrido por caminos mucho más dúctiles y respetuosos con las tradiciones y personalidades de sus gentes y sus culturas minoritarias.

Pero, precisamente por ello, cabe preguntarse y debatir sin prejuicios sobre si no fue la actitud contemporizadora de la Monarquía con ciertas particularidades de las tierras vascas -entre otros motivos de fondo por su propia pobreza y marginalidad- la que ha contribuido a las posteriores fabulaciones, como ha ocurrido en Aragón o Cataluña.

Gonzalo Martínez Díez ha estudiado, por ejemplo, cómo se sostuvo durante mucho tiempo que la cofradía alavesa de Arriaga (1258) era una "formación política independiente" y que, a partir de ahí, "se inventó un gobierno electivo e independiente para Álava ya desde el s. VIII", falsedad que se aplicó también a Guipúzcoa.

La realidad es muy otra. Muy poco después de la invasión musulmana, de la que quedó libre de hecho la franja costera septentrional, nos encontramos a un Alfonso I de Asturias repoblando Las Encartaciones, hoy vizcaínas, o a un Alfonso II, hijo de una vasca, ayudando en 816 a sostenerse al naciente núcleo cristiano de Pamplona, que todavía tardará en englobar el NO. de la actual Navarra.

Con la creciente seguridad, los montañeses vascones, de vida aún muy primitiva, descienden al llano y contribuyen a repoblar tierras de Burgos, Álava y Rioja, mezclándose allí con inmigrantes mozárabes del sur.

En la zona Nervión-Bidasoa, algunas gentes más abiertas y, sobre todo, señores asturleoneses, parientes, vasallos y agentes de los reyes, van creando una "superestructura política" (Lacarra) y todo ello facilita su mayor integración en la zona de resistencia cristiana.

A partir de ahí se conocen bien las alternativas históricas que hacen que las tierras vascas, o sólo parte de ellas, queden englobadas bien en el reino de Castilla bien en el de Pamplona-Navarra, pero sin intervención de maléficas manos "antivascas".

Si en el s. X el primer conde de Castilla que se independiza de León es a la vez conde de Álava y de parte de la "tierra de los várdulos", el asesinato en 1020 de su descendiente, el joven García, es lo que permite al cuñado de éste, Sancho III el Mayor de Pamplona (que parece que no fue del todo ajeno al hecho) apropiarse de una Castilla extendida a Cantabria y de todas las tierras vascas, colocando al señor aragonés García Aznar como tenente-gobernador de Guipúzcoa, nombre que aparece ahora, y a Íñigo López como primer conde o señor de Vizcaya.

Sancho, un gran monarca por muchos motivos, se ha adueñado también de los condados del Pirineo central. Entonces empieza a llamarse "Emperador de España" y, según Maravall, se convierte en "el primer actualizador conocido, entre los reyes, de la idea de España".

Es el gran momento del reino medieval de Pamplona; suficiente para que ahora los nacionalistas quieran glorificarlo como padre del gran "estado vasco" que jamás existió. Ideología manda, historia pierde.

Esa situación dura cincuenta años y las tornas históricas cambian: en 1076 el asesinato por sus hermanos de Sancho IV en Peñalén altera el mapa de las Españas: una Navarra muy reducida, aunque con salida al mar, queda de hecho absorbida hasta 1134 por la pujante monarquía aragonesa, mientras las tierras vascas pasan de nuevo a Alfonso VI de Castilla-León, un reino ya muy extenso que ofrecía a los señores de tierras mejor abrigo y más posibilidades de desarrollo.

Aún habrá dos cambios de fronteras del mismo tipo: crisis castellana y minoría de Alfonso VIII dan ocasión a Sancho VI, primer rey que se denomina "de Navarra", de recuperar efímeramente Álava y el oeste de Guipúzcoa, en la que funda y da fuero a San Sebastián en 1180.

En 1200 Alfonso VIII se desquita y rinde fácilmente Vitoria y, por los mismos motivos de conveniencia y pragmatismo, los numerosos tenentes de tierras vascas, empezando por el nuevo señor de Vizcaya, Diego López de Haro, le juran fidelidad, sin más acciones de fuerza. "La incorporación [a Castilla] más que obra de las armas lo fue de las negociaciones, pero no con las provincias, que no tenían entidades políticas o administrativas, sino con sus tenentes" (Martínez Díez).
vascos BARRA

vascos CALLE


LA INVENCIÓN DE AITOR, por Chaho en el XIX


Durante la guerra carlista, otro viajero, éste vasco-francés, llamado Joseph-Augustin Chaho, iluminista, antisemita, autor de varios escritos sobre temas culturales, escribe tras su peripecia en la guerra una obra significativa: "Voyage en Navarre pendant l’insurrection des basques".
Se trata de un texto en el que aplica sus ideas esotéricas al origen y la historia de los vascos, a quienes atribuye una primitiva religión natural y, también, ser "arios" no contaminados por los hebreos. Pero además da una interpretación de la guerra que ha vivido.
Vemos aquí formulada por primera vez, aún dentro del carlismo, la oposición vasco/castellano.
Chaho también INVENTÓ un personaje mítico, al que atribuyó ser el padre primigenio de los vascos: AITOR.
Este nombre generó una polémica sobre su etimología, ya que fue tomado por la literatura romántica, que lo convirtió en un personaje legendario.
Juaristi explica que Chaho creó el nombre "Aitor" a partir de la expresión "aitoren seme", que significa "hijo de buen padre", una expresión similar al castellano "hidalgo", empleada para designar la baja nobleza.
Chaho alteró la estructura de la palabra "aitoren" haciendo pasar al sustantivo parte del sufijo, con lo que creó una nueva palabra que no es ya un nombre común sino un nombre propio, Aitor.
Así creó al PADRE FUNDADOR de los vascos, modelo de tradición inventada que, si bien es común a las leyendas y mitos de todos los pueblos, tiene la peculiaridad de haber sido creada en el siglo pasado.
El propio Chaho explica el significado de su creación: "Je vous dirai maintenant que ce nom d´Aïtor est allégorique, il signifie père universel, sublime".
El nombre de Aitor, retomado por los nacionalistas, tendrá una gran difusión; es un nombre propio muy común entre los vascos.
Con Chaho encontramos esta doble operación caracterizada por oponer los vascos a los castellanos –atribuyendo a éstos la envidia hacia los primeros– y, por otro lado, invocar una figura imaginaria del padre, el "legendario" Aitor.
Las interpretaciones políticas e históricas de Chaho no tuvieron, sin embargo, repercusión en su tiempo.
Fue algunas décadas más tarde cuando surge el nacionalismo vasco, tras la segunda derrota del carlismo.
Su fundador, Sabino Arana, crea la ideología nacionalista sobre la base de las construcciones MÍTICAS del fuerismo y de las ideologías anteriores; pero, a la vez, introduce unos cambios sustanciales que dan su especificidad al nacionalismo y lo constituyen como una nueva doctrina.
Arana convierte en dogma histórico y político lo que eran elaboraciones literarias y culturales MÍTICAS hasta entonces.
Es decir, DA CONSISTENCIA de realidad política a las LEYENDAS y fabulaciones sobre el pasado de los vascos.
vascos TIPO VASCO
vascos BARRA
Historia vascos incendio de DONOSTIA
SAQUEO de San Sebastián por ANGLOS en 1.813
MANIFIESTO QUE EL AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL, CABILDO ECLESIASTICO, ILUSTRE CONSULADO Y VECINOS DE LA CIUDAD DE SAN SEBASTIAN, PRESENTARON A LA NACION, SOBRE LA CONDUCTA DE LAS TROPAS BRITANICAS Y PORTUGUESAS EN DICHA PLAZA, EL 31 DE AGOSTO DE 1813 Y DIAS. SIGUIENTES.

La ciudad de San Sebastián ha sido abrasada por las tropas aijadas que la sitiaron, despues de haber sufrido sus habitantes un saqueo horroroso y el tratamiento más atroz de que hay memoria en la Europa civilizada. He aqui la relación sencilla y fiel de este espantoso suceso:

Después de cinco años de opresión y de calamidades, los desgraciados habitantes de esta infeliz ciudad, aguardaban ansiosos el momento de su libertad y bienestar, que lo creyeron tan próximo como seguro, cuando en 28 de Junio último vieron con inexplicable júbilo aparecer en el alto de San Bartolomé los tres batallones de Guipúzcoa al mando del coronel D. Juan José de Ugartemendía.

Aquel dia y el siguiente salieron apresurados muchos vecinos; ya con el anhelo de abrazar a sus libertadores, ya también para huir de los peligros a que les exponia un sitio, que hacian inevitables las disposiciones de defensa que vieron tomar a los franceses, quienes empezaron a quemar los barrios extramurales de Santa Catalina y San Martín.

Aunque el encendido patriotismo de los habitantes de la ciudad les persuadía, que en breves días serían dueños de ella los aliados, sin embargo iban a dejarla casi desierta; pero el general francés Rey, que la mandaba, les prohibió la salida, y la mayor parte del vecindario con todos sus muebles y efectos (que tampoco se les permitieron sacar) hubo de quedar encerrado.

Los días de aflicción y llanto que pasaron estas ínfelíces familias desde que el bloqueo de la plaza se convirtió en asedio con la aproximacíón de las tropas inglesas y portuguesas que al mando del teniente general Sir Thomas ORAHAM relevaron a las españolas, no es necesario explicarlos.

Solo pudieron hallar algunas treguas a su dolor en procurar auxilios a los prisioneros ingleses y portugueses. La ciudad los socorrió al instante con vino, chocolate, camisas, camas y otros efectos. Los heridos fueron colocados en la parroquia de San Vicente y socorridos por su párroco.

Era entre tanto mayor el cúmulo de males, pues desde el 23 de julio hasta el 29 se quemaron y destruyeron por las baterías de los aliados 63 casas en el barrio cercano a la brecha; pero este fuego se cortó y extinguió enteramente el 27 de julio por las activas disposiciones del ayuntamiento, y no hubo después fuego alguno en el cuerpo de la ciudad hasta la tardeada del 31 de Agosto, después que entraron los aliados.

Llegó por fin dicho día 31, día que se creyó debía ponerles término, y por lo tanto deseado como el de su salvación por los habitantes de San Sebastián.

Se arrecia el tiroteo; se ven correr los enemigos azorados á la brecha: todo indica un asalto; por cuyo feliz resultado se dirigían al Altísimo las más fervorosas oraciones. Son escuchados estos ruegos; vencen las armas aliadas, y ya se sienten los tiros dentro de las mismas calles.

Huyen los franceses despavoridos arrojados de la brecha sin hacer casi resistencia en las calles; corren al castillo en el mayor desorden, y triunfa la buena causa, siendo dueños los aliados de toda la ciudad a las dos y media de la tarde.

El patriotismo de los leales habitantes de San Sebastián, comprimido largo tiempo por la severidad enemiga, prorrumpe en vivas, vitores y voces de alegría y no sabe contenerse.

Los pañuelos que se tremolaban en ventanas y balcones, al propio tiempo que se asomaban las gentes a solenmizar el triunfo eran claras muestras del afecto con que se recibía a los aliados: pero insensibles estos a tan tiernas y decididas demostraciones corresponden con fusilazos a las mismas ventanas y balcones de donde les gritaban, y en que perecieron muchos, victimas de su amor a la patria. ¡Terrible presagio de lo que iba a suceder!

Desde las 11 de la mañana, a cuya hora se dió el asalto, se hallaban congregados en la sala Consistorial los capitulares y vecinos mas distinguidos con el intento de salir al encuentro de los aliados. Apenas se presentó una columna suya en la plaza nueva, cuando bajaron apresurados los alcaldes, abrazaron al comandante, y le ofrecieron cuantos auxilios se hallaban a su disposición.

Preguntaron por el general, y fueron inmediatamente a buscarle a la brecha caminando por medio de cadáveres; pero antes de llegar a ella y averiguar en donde se hallaba el general, fué insultado y amenazado con el sable por el capitán inglés de la guardia de la puerta, uno de los alcaldes.

En fin, pasaron ambos a la brecha y encontraron en ella al mayor General Hay, por quien fueron bien recibidos, y aun les dió una guardia respetable para la casa consistorial, de lo que quedaron muy reconocidos.

Pero poco aprovechó esto; pues no impidió que la tropa se entregase al saqueo mas completo y a las mas horrorosas atrocidades, al propio tiempo que se vió no solo dar cuartel, sino también recibir con demostraciones de benevolencia a los franceses cogidos con las armas en la mano.

Ya los demás se habían retirado al castillo, contiguo a la ciudad; ya no se trataba de perseguirlos ni de hacerles fuego: y ya los infelices habitantes fueron el objeto exclusivo delfuror del soldado.


Queda antes indicada la barbarie de corresponder con fusilazos a los victores, ya este preludio fueron consiguientes otros muchos actos de horror, cuya sola memoria extremece.

¡Oh día desventurado! ¡Oh noche cruel en todo semejante a aquella en que Troya fué abrasada! Se descuidaron hasta las precauciones que al parecer exigían la prudencia y arte militar en una plaza a cuya extremidad se hallaban los enemigos al pié del castillo, para entregarse a excesos inauditos, que repugna describirlos a pluma.

El saqueo, el asesinato, la violación, llegaron a un término increible, y el fuego que por primera vez se descubrió hacia el anochecer, horas despues que los franceses sé habían retirado al castillo, vino a poner el complemento a estas escenas de horror. Resonaban por todas partes los ayes lastimosos, los penetrantes alaridos de mujeres de todas edades que eran violadas sin exceptuar ni la tierna niñez, ni la respetable ancianidad.

Las esposas eran forzadas a la vista de sus afligidos maridos, las hijas a los ojos de sus desgraciados padres y madres; hubo algunas que se podían creer libres de este insulto por su edad, y que sin embargo fueron el ludibrio del desenfreno de los soldados.

Una desgraciada joven ve a su madre muerta violentamente y sobre aquel amado cadáver sufre ¡increible exceso! los lúbricos insultos de una vestida fiera en figura humana.

Otra desgraciada muchacha cuyos lastimosos gritos se sintieron hacia la madrugada del 1° de Septiembre en la esquina de la calle de San Geronimo, fué vista cuando rayó el día rodeada de soldados, muerta; atada a una barrica, enteramente desnuda, ensangrentada y... (suprimimos el resto del relato por respeto a nuestros lectores).

En fin, nada de cuanto la imaginación pueda sugerir de más horrendo, dejó de practicarse. Corramos el velo a este lamentable cuadro, pero se nos presenta otro no menos espantoso.

Veremos urna porción de ciudadanos no solo inocentes, sino aun beneméritos, muertos violentamente por aquellas mismas manos que no solo perdonaron, sino que abrazaron a los comunes enemigos cogidos con las armas en las suyas.

Don Domingo de Goicoechea, eclesiástico anciano y respetable, D. Javier de Artola, D. José Miguel de Mayora, y otras muchas personas que por evitar prolijidad no se nombran, fueron asesinadas.

El infeliz José de Larrañaga, que despues de haber sido robado quena salvar su vida y la de su hijo de tierna edad que llevaba en sus brazos, fué muerto teniendo en ellos a este niño infeliz; y a resultas de los golpes, heridas y sustos mueren diariamente infinidad de personas, y entre ellas el presbitero beneficiado D. José de Mayora, D. José Ignacio de Aspide y D. felipe Ventuta de Moro.

Si dirigimos nuestras miradas a las personas que han sobrevivido a sus heridas, o que las han tenido leves, se presentará a nuestros ojos un grandisimo número de ellas.

Tales son el tesorero de la ciudad D. Pedro Ignacio de Olañeta, don Pedro José de Beldarrain, D. Oabriel de Bigas, D. Angel Llanos y otros muchos.

A los que no fueron muertos ni heridos no les faltó que padecer de mil maneras. Sujetos hubo, y entre ellos eclesiásticos respetables, que fueron despojados de toda la ropa que tenían puesta, sin excepción ni siquiera de la camisa.

En aquella noche de horror se veian correr’despavoridos por las calles muchos habitantes huyendo de la muerte con que les amenazaban los soldados. Desnudos enteramente unos, con sola la camisa otros, ofrecian el espectáculo más misero y hacian tener por feliz la suerte de algunas personas (sobre todo del sexo femenino) que ya subiéndose a los tejados o ya encenagándose en las cloacas hallaban un momentáneo asilo

¿Cuál podria ser éste, cuando unos continuos y copiosos aguaceros vinieron a aumentar las desdichas de estas gentes, y cuando ardió la ciudad, habiéndola pegado fuego los aliados por la casa de Soto en la calle Mayor, casi en el centro de la población en un parage en que ya no podia conducir a ningún suceso militar?

¿Cuántas otras casas fueron incendiadas igualmente por los mismos?

Solo este complemento de desdichas y de sastres faltaba a los habitantes de San Sebastián, que ya saqueados, privados aun de la ropa puesta, los que menos maltratados, otros mal heridos y algunos muertos, se creia haber apurado el cáliz de los tormentos.

En esta noche infernal, en que a la obscuridad protectora de los crímenes, a los aguaceros que el cielo descargaba y al lúgubre resplandor de las llamas, se añadía cuanto los hombres en su perversidad puedan imaginar de más diabólico, se oian tiros dentro de las mismas casas, haciendo unas funestas interrupciones a los lamentos que por todas partes llenaban el aire.

Vino la aurora del primero de Septiembre a iluminar esta funesta escena, y los habitantes, aunque aterrados y semivivos, pudieron presentarse al general y alcaldes suplicando les permitiese la salida.

Lograda esta licencia huyeron casi cuantos se hallaban en disposición; pero en tal abatimiento y en tan extrañas figuras, que arrancaron lágrimas de compasión de cuantos vieron tan triste espectáculo.

Personas acaudaladas que habían perdido todos sus haberes, no pudieron salvar ni sus calzones; señoritas delicadas, medio desnudas, o en camisa o heridas y maltrechas; en fin, gentes de todas clases que experimentaron cuantos males son imaginables, salían de esta infelíz ciudad que estaba ardiendo, sin que los carpinteros que se empeñaron en apagar el fuego de algunas casas, pudiesen lograr su intento; pues en lugar de ser escoltados como se mandó a instancias de los alcaldes, fueron maltratados, obligados a enseñar casas en que robar, y forzados a huir.

Entre tanto se iba propagando el incendio y aunque los franceses no disparaban al cuerpo de la plaza ni un solo tiro desde el castillo, no se cuidó de atajarlo, antes bien se notaron en los soldados muestras de placer y alegría, pues hubo quienes despues de haber incendiado a las tres de la madrugada del 1° de Septiembre una casa de la calle Mayor, bailaron a la luz de las llamas.

Mientras la ciudad ardia por varias partes, todas aquellas casas a que no llegaban las llamas, sufrían un saqueo total.

No solo saqueaban las tropas que entraron por asalto, no solo las que sin fusiles vinieron del campamento de Astigarraga, distante una legua, sino que los empleados en las brigadas acudían con sus mulos a cargarlos de efectos, y aun tripulaciones de transportes ingleses, surtos en el puerto de Pasajes, tuvíeron parte en la rapiña, durando este desorden varios días despues del asalto, sin que se hubiese visto ninguna providencia para impedirlo, ni para contener a los soldados, que con la mayor impiedad, inhumanidad y barbarie robaban o despojaban fuera de la plaza hasta de sus vestiduras a los ha bitantes que huian despavoridos de ella; lo que al parecer comprueba que estos excesos los autorizaban los jefes, siendo también de notarse que los efectos robados o saqueados dentro de la ciudad y a las avanzadas, se vendian poniéndolos de manifiesto al público a la vista e inmediaciones del mismo cuartel general del ejército sitiador por ingleses y portugueses.

Uno de esta última nación traia de venta el copón de la parroquia de San Vicente que encerraba muchas fortunas consagradas, sin que se sepa que paradero tuvo su preciosísimo contenido.

La plata del servicio de la parroquia de Santa María, que se hallaba guardada en un parage secreto de la bóveda de la misma, fué vendida por los portugueses despues de la rendición del castillo.

Cuando se creyó concluida la expoliación, pareció demasiado lento el progreso de las llamas, y además de los medios ordinarios para pegar fuego que antes practicaron los aliados, hicieron uso de unos mixtos que se habian visto preparar en la calle de Narrica en unas cazuelas y calderas grandes, desde las cuales se vaciaban en unos cartuchos largos.

De estos se valian para incendiar las casas con una prontitud asombrosa, y se propagaba el fuego con una explosión instantánea. Al ver estos destructores artificios, al experimentar inútiles todos los esfuerzos hechos para salvar las casas (despues de perdidos todos los muebles, efectos y alhajas), varias personas que habian permanecido en la ciudad con dicho objeto, tuvieron que abandonarla, mirando con dolor la extraordinaria rapidez con que las llamas devoraban tantos y tan hermosos edificios.

De este modo ha perecido la ciudad de San Sebastián. De 600 y mas casas que contaba dentro de sus murallas, solo existen 36, con la particularidad de que casi todas las que se han salvado están contiguas al castillo que ocupaban los enemígos, habiéndose retirado a él todos mucho antes que principiase el incendio.
Tampoco se comunicó éste a las dos parroquias, pues que servian de hospitales y cuarteles a los conquistadores, teniendo igual destino y el de alojamientos la hilera de casas preservadas según se ha expresado en la calle de la Trinidad al pié del Castillo. Todo lo demás ha sido devorado por las llamas. Las mas de las casas que componían esta desdichada ciudad, eran de tres y cuatro altos pisos, muchas suntuosísimas y casí todas muy costosas.

La consistorial era magnífica, lindísima la Plaza nueva, y ahora causa horror su vista. No menos lastimoso espectáculo presenta el resto de la ciudad. Ruinas, escombros, balcones que cuelgan, piedras que se desencajan, paredes al desplomarse, he aquí lo que resta de una plaza de comercio que vivificaba a todo el pais comarcano, de una población agradable que atraia a los forasteros.

El saqueo y los demás excesos rápidamente mencionados, aunque tan horrorosos, no hubieran llevado al colmo la desesperación, si el incendio no hubiera completado los males, dejando a mas de 1.500 familias sin asilo, sin subsistencia, y arrastrando una vida tan miserable que casi fuera preferible la muerte.

Los artesanos se ven sin pan, los comerciantes arruinados, los propietarios perdidos. Todo se robó o se quemó, todo pereció para ellos. Efectos, alhajas, muebles, mercaderias, almacenes riquisimos, tiendas bien surtidas fueron presa o de una rapacidad insaciable o de la violencia de las llamas.

En fin, nada se ha salvado, pues aun los edificios se han destruido. San Sebástián, tan conocida por sus relaciones comerciales en ambos hemisferios, San Sebastián, que era el alma de esta provincia, ya no existe.

Excede de 100 millones de reales el valor de las pérdidas que han sufrido sus habitantes, y este golpe funesto se hará sentir en toda la monarquia española e influirá en el comercio con otros paises.

Mas no es esto todo. No solo se han perdido todas las existencias sino que padecerán aún los tristes residuos de las fortunas de los comerciantes y propietarios con la quema de sus papeles y documentos.

Todos los registros públicos, escrituras y documentos que encerraban las diez numeiras de la ciudad, los que se custodiaban en su antiguo y precioso archivo y el del ilustre Consulado, cuantos contenian los de los particulares, los libros y papeles de los Comerciantes los libros parroqu!ales, todo, todo se ha reducido a cenizas; y ¿quién, puede calcular las consecuencias funestas que puede producir una cosa así.

¡Victimas inocentes dignas de suerte menos lastimosa! ¡Víctimas antes de la tiranía francesa y ahora de una rapacidad sin par! ¡Rapacidad que no contenta con la expoliación total que se ha indicado, revolvia los escombros todavia calientes, para ver si algo encontraba entre ellos! ¡Rapacidad que no ha perdonado a efectos desenterrados, y que a los 24 días despues del asalto se ejercía en materias poco aprecíables!

Infelicísima ciudad, lustre y honor de la Guipúzcoa, madre fecunda de hitos esclarecidos en las armas y en las letras, que has producido tantos defensores, que has hecho tantos servicios a la patria

¿Podías esperar tan cruel y espantosa destrucción en el momento mismo en el que creiste ver asegurada tu dicha y prosperidad?


¿En este instante que con increible constancia y con extraordinaria fidelidad lo miraste siempre como término de tus males, y de cuya llegada nunca dudaste a pesar de tu situación geográfica y a pesar también de todas las tramas de nuestros implacables enemigos?

¿Tu que distes muestras públicas, nada equívocas y sin duda imprudentes de tu exaltado amor a tu rey y de tu alto desprecío al intruso, cuando en 8 de Julio de 1808 paseó éste sus calles y se aposentó en tu recinto: muestras tales que obligaron al sufrido José a manifestar a uno de los alcaldes la sorpresa que le había cáusado, pudiste pensar que al cabo de cinco años de opresión, vejaciones y penas, serías destruida por aquellas mismas manos que esperabas rompiesen tus cadenas?

Cuan pesadas hayan sido estas no hay que ponderarlo, cuando con aquellas primeras demostraciones diste a los franceses pretexto para agravarlas más y más y cuando con tu constante adhesión a la justisima causa nacional manifestada a pesar de las bayonetas que te oprimían, ocasionaste que fuesen castigados con contribuciones extraordinarias, con prisiones y deportaciones a Francia muchos de tus vecinos. ¿Y podías esperar que el premio de tan acrisolada fidelidad sería tu destrucción?

Pero ni esto ha bastado para entibiar en lo mas minimo tu entusiasmo. Entre esas humeantes ruinas, sobre esos escombros has proclamado con júbilo, has jurado con ansia la inestimable Constitución politica de la monarquía española, concurriendo tus más principales vecinos, dispersos en varíos pueblos a tan solenmes actos.


¡Espectáculo único en el mundo, que suspendiendo el curso de las lágrimas amargas que arrancaba la vista de tantos lastimosos objetos, daba lugar en aquellos patrióticos corazones a impresiones más halagüeñas, haciendo formar en un obscuro porvenir esperanzas que sirven de lenitivo a sus males! Tus ciudadanos se unen más íntimamente a la gran masa nacional, y se felicítan de haber salído de la opresión enemiga aunque sea de una manera tan dolorosa. Ellos en su prímera representación a los duques de Ciudad Rodrigo han dicho estas memorables palabras:

«Si nuevos sacríficios fuesen posibles y necesarios no se vacilaría un momento en resignarse a ellos. Finalmente, si la combinación de las operaciones milítares, o la seguridad del territorío español lo exigiese, que renunciásemos por algún tiempo o para siempre a la dulce esperanza de ver reedificada y restablecida nuestra ciudad, nuestra conformidad sería unánime; mayormente, si como es justo, nuestras pérdidas fuesen soportadas a prorrata entre todos nuestros compatriotas de la península y Ultramar».

CUANTAS ASEVERACIONES VAN ESTAMPADAS SON CONFORMES A LA MAS EXACTA VERDAD Y DE ELLAS RESPONDEMOS CON NUESTRAS CABEZAS TODOS LOS VECINOS DE SAN SEBASTIÁN QUE ABAJO FIRMAMOS.

Enero 16 de mil ochocientos y catorce,


y vienen las firmas y nombres de un centenar de notables locales.

JAVIER AROCENA